09/08/2026 @ars.hdt Las ideas que siempre vuelven

Un ejercicio de autoconocimiento creativo

Hay momentos en los que hacer obra no es suficiente. También necesito detenerme y mirar hacia atrás: observar lo que he hecho, lo que sigo haciendo, las imágenes que aparecen una y otra vez, las preguntas que no consigo abandonar.

Este ejercicio nació de ahí.

No quería escribir un statement tradicional ni intentar definir mi trabajo de una manera definitiva. Me interesaba algo más sencillo y, al mismo tiempo, más incómodo: reconocer cuáles son las ideas que siempre vuelven.

Porque hay cosas que cambian. Cambian los materiales, los proyectos, las técnicas, los lugares desde donde trabajo. Pero debajo de esas transformaciones comienzan a aparecer ciertas constantes. Una especie de vocabulario personal que uno construye casi sin darse cuenta.

Primero apareció la mirada.

Antes del barro hubo teatro. Antes de la cerámica hubo fotografía. Durante mucho tiempo aprendí a observar antes de aprender a hacer. A entender que una imagen puede contener una historia completa, que el espacio habla, que la luz modifica lo que vemos y que el silencio también puede ser una forma de lenguaje. Mirar continúa siendo, probablemente, la primera herramienta de mi trabajo.

Después apareció la escena.

Nunca dejé completamente el teatro. Aunque hoy trabaje con arcilla, acuarela, fotografía o papel, sigo pensando en cuerpos, recorridos, tensiones, entradas y salidas. Pienso en cómo una obra ocupa un espacio y en cómo ese espacio modifica la experiencia de quien la observa.

Luego entendí que una de mis verdaderas obsesiones no era solamente la cerámica.

Era la materia.

Cómo nace. Cómo cambia. Cómo se transforma. Cómo atraviesa procesos y termina convirtiéndose en objeto, imagen, memoria o cultura. Quizás por eso puedo pasar del barro al papel, de la acuarela al collage, sin sentir que estoy abandonando una disciplina. Lo que me interesa sigue estando allí: la transformación.

También están los objetos.

Los que usamos todos los días. Los que se rompen. Los que heredamos. Los que pasan de unas manos a otras. Siempre me ha interesado pensar que los objetos cotidianos pueden contar la historia de una persona —o incluso de una época— mucho mejor que muchos monumentos.

Y junto a ellos aparecen los oficios.

Siento una profunda admiración por quienes dedican años, a veces una vida entera, a aprender a hacer algo con las manos. Artesanos, cocineros, lutieres, alfareros. Me conmueve el conocimiento transmitido de generación en generación, ese saber que no depende de la idea del genio individual sino de la repetición, la experiencia, la observación y el tiempo.

Está también el fuego.

En la cerámica es transformación real, pero para mí funciona además como metáfora. El fuego implica riesgo, paciencia y confianza. Hay un momento en el que ya no puedes controlar completamente lo que sucederá. Tal vez por eso me interesa tanto: porque trabajar también significa aprender a aceptar aquello que no podemos dominar.

Aparecen los pueblos, las maneras distintas de responder a preguntas que, en el fondo, son universales.

Cómo cocinar. Cómo construir. Cómo despedir a nuestros muertos. Cómo vivir. Me interesa observar cómo una misma materia puede atravesar geografías, culturas y generaciones y producir historias completamente diferentes.

Y nos vemos inevitablemente en la memoria.

No como una nostalgia inmóvil, sino como algo que reconstruimos continuamente. Migrar me hizo pensar mucho más en esto: en la forma en que intentamos conservar ciertas cosas mientras otras desaparecen, en cómo reconstruimos fragmentos, en cómo la memoria también puede modelarse con las manos. Puede romperse. Puede transformarse. Puede volver a construirse.

Finalmente está el tiempo.

Todo lo que hago necesita lentitud y pausas. Investigar. Escribir. Pintar. Modelar. Esperar.

Cada vez entiendo mejor que el tiempo no es un obstáculo para mi trabajo. Es parte de la obra.

Quizás por eso este ejercicio no pretende cerrar nada. Al contrario. Lo veo como una especie de mapa provisional. Un intento de identificar aquello que hoy sostiene mi universo creativo y de entender hacia dónde podría llevarme después.

Los statements también pueden cambiar. Las obsesiones pueden desplazarse. Algunas ideas desaparecerán y otras comenzarán a ocupar su lugar.

Pero por ahora estas son las que siguen regresando.

Mi universo creativo está en constante metamorfosis.
Mis obsesiones son el inicio de lo que está por llegar.